DE PRINCIPIO A FIN EN MADRID
Que me contestarías si te pregunto ¿crees que el amor mas intenso puede nacer y morir en la misma noche?
Matilda: Mujer joven, de nacionalidad Argentina, que transitando la crisis de los 30 comienza a chatear. Buscando en el ordenador algo de fantasía, conoce a José Manuel: Andaluz de personalidad chispeante, grandes ojos oscuros y sonrisa plena; amante de la historia Argentina y mucho más de sus mujeres, sobre todo si estas eran rubias y Matilda cumplía con todos los requisitos.
Tras su primer encuentro físico fue evidente el surgimiento de un interés que se mantuvo quieto de común acuerdo bajo el titulo de amistad. La situación luego de la partida de José, se tradujo en mails diarios, encomiendas y llamados telefónicos… La fantasía se alimentó de anécdotas, risas y palabras bonitas; a la distancia resulto más fácil sostener aquello disfrazado de amistad.
Pasó un año sin que Matilde lograra conciliar su vida con su trabajo y menos con el amor, lo que
concluyó en la idea de viajar a España, con la finalidad de encontrar algo… no tenía en claro que cosa buscaba, ni que era lo que necesitaba desesperadamente encontrar, pero sí estaba claro que debía cambiar de rumbo y el recuerdo del Andaluz la incentivaba.
En pocos días el viaje estaba decidido y José Manuel desde el viejo mundo la ayudaría. Sería su referente, pero había un inconveniente: no podía alojarla en su hogar por falta de espacio.
Matilda absolutamente decidida y sin dejar que los contratiempos la amedrenten buscó por Internet hospedajes intentando que no masacraran su débil economía. Por fin encontró lugar en la casa de unos abuelos que vivían solos y rentaba habitaciones en la ciudad de Calatorao un pueblo pequeño, tranquilo, casi silencioso a unos kilómetros de la famosa Zaragoza. La pareja no tenía hijas mujeres por lo que Matilde sería muy bien recibida.
Estando todo encaminado: pasajes, maleta, despedida de amigos. La situación parecía estar en absoluto orden y control. José Manuel la buscaría en Madrid y pasarían allí el fin de semana juntos.
Habían planeado durante un largo año el rencuentro y tenían suficientes planes como para llenar una agenda completa.
Días antes de su partida hacia Europa, Matilda recibió un mail de un hombre llamado casualmente José Manuel. Dicho texto explicaba que era el hijo menor del matrimonio que le daría alojamiento en Calatorao. Continuaba con un relato de su vida personal: Se estaba divorciando y volvía a casa de sus padres. Lo cual preocupó un poco a la chica quien por un segundo pensó que debería suspender todo, pero la carta concluyó diciendo que lejos estaba de ser un problema su estadía en “SU CASA”, ya que había lugar para ambos.
Matilda no entendía a que quería referirse exactamente aquel hombre que le era absolutamente extraño, aún así el mail le pareció agradable, un tanto amistoso y en las condiciones de su soledad actual no le venia mal conocer a la persona con la que iría a convivir en un país extraño. Por alguna razón, decidió ocultar la existencia de José el Maño (hijo de la pareja que la hospedaría) a su amigo el Andaluz y viceversa. Tal vez porque no creía que fuese necesario dar explicaciones a su amigo, ya que en definitiva él no tenía lugar para hospedarla, o simplemente porque aquellas personas no la conocían todavía y no quería dar una impresión equivocada.
Matilda no quería crear algún tipo de duda en cuanto a que su trato cordial hacia El Maño, era sólo por conveniencia, porque más allá que con el Andaluz solamante la unía una amistad, no queria que la aparición de este desconocido lo hiciera pensar que la intención de quedarse en España era a cualquier precio y con cualquiera. Tampoco le habría contado a Jose el maño de que alguien le haría compania en Madrid hasta que viajara a Calatorao.
EL VIAJE
Jueves, febrero y caluroso, Matilde salía de Ezeiza con destino a Barajas. Sola…mas con su ansiedad a cuesta. Tremenda expectativa llevaba junto a sus maletas
Sentada al lado de un excéntrico paleontólogo Aleman, su viaje en clase turista se transformó en una travesía bizarra desde el tercer mundo al primero y diez largas horas de insomnio separaron un país de otro.
LA LLEGADA
Luego de aventurarse por las calles de Madrid, porque no había hecho reserva alguna… Y si eso fuera poco en la ciudad se llevaba a cabo una feria por lo cual casi todos los lugares ya estaban ocupados.
Arrastrando su maleta por callecitas empinadas encontró un hostal. Tenía una habitación con dos camas separadas, ideal para pasar la noche con el Andaluz, quien llegarían horas mas tarde a Madrid montado en el Ave a la estación de Atocha, donde Matilda con su mejor sonrisa lo estaria esperando.
EL ENCUENTRO
El momento llegó y los amigos por fin se encontraron en el anden numero dos de la estación.
No supieron que hacer, si correr y abrazarse, si darse un beso que durara una eternidad…o simplemente saludarse como dos amigos que se conocían de toda la vida y que hacía sólo un rato que no se veían, esta última fue la opción.
Caminando hacia el alojamiento hablaron mucho, embriagados por el acento de sus palabras comenzaron casi sin darse cuenta a desnudar el alma, prólogo de lo que llegaría después.
Al llegar al hostal, algo retirado del centro madrileño, Matilda pudo ver en la expresión de Jose que una habitación con dos camas pequeñas no era lo que tenía en mente, pero no se quejó.
Mientras acomodaban sus cosas, no dejaban de sentir de lo extraño que era estar por fin juntos y hablaron largamente de las cosas que harian desde ese viernes y hasta el domingo próximo, cuando cada uno siguiera su camino.
Ambos se comunicaron con sus respectivas familias trasladando su entusiasmo por estar juntos de nuevo. José describió a su amiga como una mujer interesante de una belleza armoniosa, una mujer que no pasaba desapercibida y logro ruborizarla, también informó a sus padres la intención de que Matilda en un breve tiempo viajase a Sevilla para conocerlos.
Por la tarde caminaron por la Gran Vía y la noche madrileña les llegó con aire hechizado y el cielo desnudo tuvo para aquellos amigos todas y cada una de las estrellas.
Cenaron comida rapida, no fuera cosa que la cena les quitara tiempo.
Matilda quería ir de copas y hacía un bar marcharon. De los tantos los bares de Madrid eligieron ese: pequeño, íntimo con luz complice donde junto con el vino llegarían las confesiones.
José la miraba casi sin poder pestañar. Matilde acomodaba su cabello rubio y ponía brillo en sus labios, que producto del vino se movían lentos, sensuales.
Dios sabe porque Matilda decidió llamar al Maño justo en ese momento, tal vez pensó que mejor sería hacerlo antes de que el vino no le permitiese marcar el numero y era cierto que necesitaba avisarle de su llegada a España y que el domingo iría a Zaragoza, lugar donde se encontrarían para seguir viaje a Calatorao, la residencia de sus padres. Sin darse cuenta y llevada por la verborragia que genera la ingesta de alcohol le dijo al Maño en que hostal se hospedaba, generando en él una falsa idea de que estaba sola y paseando por las calles de Madrid. Matilde no aclaró la situación y la conversación terminó con un amable –bueno maja, nos vemos el domingo, avisame en cuanto sales de Madrid y por favor cuídate – Nada en aquella frase daba a entender que algo contrario a ello pasaría.
Así fue como la muchacha tranquila de haber confirmado que estaba todo en orden, decidió seguir disfrutando de la noche, el vino y su amigo Andaluz.
Avanzada la noche y los tragos comenzaron las palabras bonitas, los verdaderos sentimientos. Sin darse cuenta las primeras caricias dejaron la timidez y fluyeron lentamente como reconociendo el terreno que durante tanto tiempo se habia deseado.
La noche siguió con algo de marcha en un pequeño reducto donde la musica latina hacia entrar en calor a todos los que escapando del frio ingresaban para poner el cuerpo en movimiento.
“Los Amigos” comenzaron a bailar y la proximidad de sus cuerpos les hizo olvidar el discurso de amistad que durante un año tuvo presa a la pasion que sin duda existia entre ellos.
Todo comenzó con un beso provocador de él en el cuello de ella, acompañado de un comentario susurrado al oído –Aún estoy esperando que me abraces -
Matilda dejó atrás sus dudas y se aferró fuertemente a José devolviéndole el comentario -no pensaras dejarme sólo con este beso -
En ese momento apareció el primero de los besos apasionados, escapó de sus bocas desesperado empujado por sentimientos retenidos durante demasiado tiempo. El lugar parecía haberse vaciado, sólo ellos importaban. No dejaron de besarse, de mirarse mientras “Tu Calorro” del grupo español Estopa se transformaba en su banda de sonido, canción que quedó grabada en Matilda y pasó a ser la favorita… hasta el punto de llorar al escucharla.
Entre besos y caricias las calles de Madrid se hicieron largas, eternas…El hostal parecia quedar en la otra punta de la cuidad, aunque solo estaba a unas 5 calles de distancia, donde podríamos afirmar naciera un romance feroz, contenido y autentico… pero fugaz, aunque los amantes aún no lo sabian.
Tan pronto como llegaron el conserje intuyó lo apresurado de la situación o tal vez el calor tambien a él lo invadió y con una sonrisa entregó las llaves -Procurare que nadie los moleste- dijo. José respondió, con una sonrisa y un simple –Gracias -
Así fue como la urgencia del deseo se hizo dueña de la noche y en la habitación no habia lugar más que para toda la sensualidad, el sexo y el amor que estos 2 amantes guardaron por mucho tiempo y a la una de la madrugada se detuvo el reloj. El tiempo complice quería que aquella noche durara para siempre.
Presurosas las manos quitaron la ropa, como si estas lastimaran… las palabras se hicieron confusas
Y sus cuerpos bailaron la mas erotica y embriagadora danza, la de los amantes.
Matilda nunca habia sentido tanto amor, nunca había estado enamorada.
Cuando el torbellino de deseo pasó, los amantes exhaustos solamente tuvieron las fuerzas para un beso sostenido y luego acomodarse acurrucados, tomados de las manos y con las piernas cruzadas, sin poder moverse, como si realmente no hubiera intencion de separse.
Todo parecía una historia de amor. A diez mil kilómetros Matilda habia encontrado su destino
De repente sonó el telefono de la habitación, casi sin poder entender que ocurria, la muchacha que estaba mas proxima atendió. Era la voz del conserje temblorosa que le pedia a Matilda que no hubiese allí ningún lio. Sin entender nada le pidió que se tranquilizara y le explicara que sucedia, eran las siete de la mañana y el corazón de Matilda latía muy fuerte. El conserje le explicó que un hombre de nombre José la buscaba, diciendo que venía a buscar a su “futura esposa” recién llegada de Argentina.
Matilda dio un salto y salió de la cama.
El Andaluz se despertó sobresaltado y no podia entender que hacia la mujer con la que habia hecho el amor hacia unos instates, vistiendose de forma apresurada en plena madrugada.
Casi sin poder darle explicaciones le pidió suplicante que la esperase, que saldría un instante, que se quedara alli en la habitación y sin esperar respuestas salió rápidamente.
Ahí estaba El Maño… parado con un pequeño ramo de flores. La cara del conserje era una mezcla de incertidumbre y miedo.
Matilda le preguntó ¿qué hacía? ¿Por qué había ido a buscarla? Varias preguntas en una sola, conteniendo el espanto y la furia a duras penas, su voz sonó a enojo irremediablemente.
El hombre que ancioso habia ido a buscarla desde Calatorao, solo le dió un abrazo y le dijo -tenía unas ganas locas de estar contigo -
El conserje miraba detenidamente, absorto por la escena bizarra, de un hombre que habia viajado varios kilometros en la madrugada, para buscar a una mujer desconocida que dormina placidamente con otro hombre.
Matilda estaba aturdida, diez mil kilometros de viaje, varias horas de tragos y baile en Madrid, amor intenso con un hombre al que parecía conocer de toda una vida, pero sólo lo habia visto una vez y como si todo eso fuera poco, otro desconocido que decia ser su futuro esposo esperandola con flores en el hostal.
Le pidió un instante a José el maño y volvió a la habitación, donde el andaluz estaba a medio vestir y a punto de salir. Matilda no sabia por donde empezar a explicar, muchas ideas se le venian a la cabeza, pero ninguna conseguia salir en forma ordenada para poder contar porque se debía ir con un hombre al cual no conocia y del cual no le había hablado nunca.
Con mucho esfuerzo, pero casi en vano le contó a su amor andaluz, como José, el maño, había aparecido en esta historia y que sólo por conveniencia ella debía irse con él, dado que era el unico lugar donde se podía hospedar. Matilda había viajado a España solo con una maleta y unos pocos dolares que a duras penas había podido ahorrar.
José trató de entender, pero no dejaba de cuestionar porque le había ocultado, esta mujer a la que tantas ganas tenia de amar, que se iría a vivir con otro hombre momentaneamente… ya que la posibilidad de ir a vivir a Sevilla estaba en los planes, pero por un tema de espacio no podía ser inmediatamete, en unos meses su hermana se iría a vivir con el novio y ese lugar podía ser ocupado por Matilda. Tragando orgullo prefirió entender y creer esta historia contada de forma apresurada y sin muchos detalles. Pidió salir y hablar con ese hombre. Matilda se negó y pidió que por favor se quedara de la habitación, ella temía que si Jose el maño, se enteraba de toda la situación se enojase y no quisiera llevarla a casa de sus padres en Calatorao.
Mientras ella guardaba el resto de las cosas en su maleta, El Andaluz no terminada de entender esta negativa de que ambos hombres hablaran, de una situación que seria pasajera, que su mujer se hospedara temporariamente en casa de sus padres. La historia no le cuadraba y antes de discutir decidió no preguntar más, el que había estado solo momentáneamente con Matilda había sido él y no el hombre que esperaba en la sala del hostal.
Mirando hacia la pared decidió tragar sus lagrimas y limitarse a decirle a esta mujer a la que había incluido en su vida desde hacía más de un año, que se apresurara y no hiciera esperar al caballero que había llegado a rescatarla.
Matilda entendió en ese momento que toda la explicación había sido poca, que ese hombre al que había amado intensamente una noche fría en Madrid, el argumento del miedo a perder el lugar donde quedarse no lo había convencido y su nula experiencia sobre el amor no le permitió hacer más…
Cerró la maleta con dificultad, guardó en ella la pena de dejar al andaluz que le había robado el corazón, triste, enmudecido y mirando había la pared. Solo se escucho un adiós y el silencio se apoderó de la habitación.
Un dolor intenso invadió el pecho de Matilda que a arrastraba la maleta por el pasillo hasta el palier, allí Jose el maño la esperaba con una sonrisa y una alegría que ella no podía compartir.
Se alejaron del hostal, mientras el conserje miraba, como si supiera que aquella mujer sufria porque el amor quedaba encerrado en la habitación numero siete.
Salieron y mientras hablaban de cosas que realmente no importaban, al menos no le importaban a Matilda .Cruzaron la calle, ella miro hacia la ventana y pudo ver la silueta de Jose el andaluz que también veía como se alejaba, seguramente preguntándose porque no salió de la habitación y gritó ¡yo te amo quedate conmigo!
Caminaron por unas calles hacia la terminal de ómnibus para tomar alguno que los llevara a Zaragoza. El Maño aunque se esmeraba no lograba captar la atención de la mujer que solo pensaba ¿por qué se había ido del hostal?, ¿por qué no aclaro mejor las cosas?
Cuando llegaron a la terminal, el bus a Zaragoza salía 3 horas mas tarde…mucho tiempo, demasiado. Pensó Matilda y tomó coraje. Con la maleta en la mano, dijo decidida… me voy a buscar al hombre que estaba conmigo en el hostal, un hombre al que no quiero perder.
El maño enojado solo pudo, efecto de la sorpresa, balbucear algunas cosas pocas agradables y ver como esta extraña mujer que en pocas horas había dejado a dos hombres confundidos, correr como podía hacia el alojamiento llamado Veracruz, cargando su maleta y el deseo a cuesta que su Jose aún estuviera allí….
Al llegar cansada casi sin aire, abrió de forma abrupta la puerta del hostal y cuando el conserje la vio llegar agitada, arrastrando la maleta, le dijo que dejara allí todas las cosas y corriera a la estación de Atocha que estaba a unas cuadras. También le comento que el alegre andaluz, se había retirado poco tiempo después que ella y tenía una gran tristeza a cuesta, tal vez por esa razón había decidido no quedarse más que ese instante y volverse a Sevilla.
Matilda agradeció la información y corrió, corrió, juntó aire y fuerzas para poder llegar a tiempo.
Más allá que estaba exhausta, al ver que ya estaba a pasos de la estación hizo un esfuerzo más.
Al llegar busco por los andenes, preguntó de donde partia el Ave hacia el sur, alguien que la vio casi desesperada le grito -¡por el anden numero cinco! -, hacia allí corrió. Pero fue en vano, el tren partia delante de sus ojos y con el la posibilidad de mostrarle a Jose el andaluz que estaba dispuesta a aceptar los desafíos y correr los riesgos que la situación exigiera. Contarle también que a diez mil kilómetros de su hogar había conocido el amor.
Intentó llamarlo al móvil, pero recordó que el mismo había quedado sin batería luego de su llamado a Jose el maño la noche anterior para avisar de su llegada, asi que solo dejó un mensaje que fue mas largo que el tiempo que tenia para grabar, otra vez un mensaje a medias…
Matilda volvió al hostal abatida por tantos episodios confusos en tan poco tiempo. Tan lejos de sus afectos, con nadie que la consolara, que la aconsejara…
Estuvo algún tiempito mas perdida por España donde no pudo encontrar su Destino…Y aunque lo intento, tampoco pudo encontrar el Amor.
…”Y YO ME QUEDO DORMIDO EN UNA CAMA MAS DURA QUE UNA ROCA, SOÑANDO QUE NO TE HAS IDO, SOÑANDO QUE AUN ME TOCAS”* TU CALORRO-ESTOPA
Fin
http://bitcoradeunadesocupadavip.blogspot.com.ar/
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SALOME Y EL HOROSCOPOHace 14 años
Ismael Serrano
Amo tanto,tanto la vida… que de ti me enamore, y de tanto amarte puede que no te ame bien
2 comentarios:
Muy bueno! felicitaciones por el nuevo blog!
Excelente!! Felicitaciones por lo expuesto
me encanta
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