CUANDO LA RISA DUELE

Elina era una joven de unos 28 años de un aspecto gris, muy delgada de ojos algo hundidos y mirada triste .Su cabello era lacio de color castaño y con signos de no tener los cuidados necesarios para brillar, siempre recogido daba un aspecto de mujer mayor, esa imagen la completaban los lentes que permanentemente debía usar y la ropa que siempre era de colores oscuros y diseños poco femeninos.

Su carácter acompañaba a su imagen, era introvertida le gustaban muy poco las reuniones , siempre prefería estar sola tal era su poca integración que en la oficina donde hacía 9 años trabajaba, ni sus compañeros ni sus superiores conocían algún detalle de su vida, salvo los que figuraban en el legajo.

Permanecía las seis horas de trabajo encerrada en su oficina, solo salía para almorzar y nunca compartía ese tiempo con alguien, comía sola lo que su madre le preparaba. No eran platos muy elaborados, como si el sabor tampoco fuera parte de su vida.

Elina vivía con su madre, una mujer mayor que repartía su tiempo entre su hija, 5 gatos y el culto devoto a los santos. Tenía, imágenes, estampas a las que les rezaba todo el tiempo. La muchacha no compartía ni el amor por los gatos, ni la devoción por los santos. La mujer de un carácter firme, siempre había desvalorizado a su hija, nada de lo que ella hacía era motivo de felicitaciones. Durante la niñez y cuando aún vivía su padre, Lina era una pequeña feliz, esa felicidad se fue apagando al fallecer don Carlos y su madre doña Flora tocada por la depresión comenzó hacer de la vida de la pequeña un verdadero calvario.

No aprobaba a sus amigos, muchos menos a cualquiera que intentara acercarse con alguna otra intención, no había actividades recreativas fuera del colegio, por esa razón la vida social de Elina estaba compuesta por sus compañeros de primaria, los que se burlaban de su aspecto, sus maestros y su madre. Así creció la muchacha solitaria, triste y con muchas dudas sobre la vida.

Llegó la adolescencia junto a la revolución hormonal y la rigidez máxima de su madre que no permitía que la joven se convirtiera lentamente en mujer teniendo una vida normal como casi todas las muchachas de su edad. Solo una amiga tenia, una joven de personalidad amable de nombre Sol, que sentía que Elina era un alma solitaria que necesitaba ayuda, allí estuvo ella para ser su amiga y su pilar… aunque no pudo estar aquel día.

Así transcurrió la adolescencia de una muchacha marchita con tan solo 21 años, su corazón quizo conocer el amor, pero sus temores no se lo permitieron y la poca atención que ponían los muchachos sobre ella ayudaron a que el único sentimiento parecido, fuera el que veía en las telenovelas.

Había aprendido caligrafía y mecanografía, lo que la ayudó a encontrar un trabajo de secretaria en un estudio contable, se sentía bien haciendo su labor sobre todo porque estaba sola. Con el dinero que ganaba compraba telas y hacia vestidos. Algunos no llegaron a ser usados, dado que Elina tenía pocas invitaciones para poder lucirlos.

El estudio contable fue creciendo y con eso la cantidad de gente que trabajaba en el. Los años fueron pasando y Elina siguió haciendo siempre las mismas tareas y sentada en el mismo lugar, salvo que esta vez rodeada de compañeros. Ella sentía que la observaban y que hablaban en secreto, escuchaba risas burlonas, las que la joven prefería ignorar.

Era notorio que la muchacha se sentía atraída por uno de sus compañeros, pero él sólo reparaba en ella cuando se unía a las burlas de las otras tres integrantes del grupo laboral.

Los compañeros de Elina se enteraron que en unos días ella cumpliría años, 29 grises años. Como la crueldad puede no tiene límites, decidieron hacerle una broma.

La chica se mantenía alejada de cualquier reunión por lo que se fueron acercando sigilosamente, como un depredador se acerca a su presa indefensa, la intención era obtener algo de confianza y aunque Elina se resistió en un principio fue cayendo en la telaraña de mentiras que habían tejido minuciosamente sus compañeros de trabajo.

Dos compañeras planificaron todo: una vez cerca se hicieron las amigas, la invitaron a una fiesta que se haría con motivo de su cumpleaños, donde ella solo tenía que preparar una rica torta y vestirse bella para la ocasión. Insitandola a verse bien dado que el galan de la oficina asistiría a su festejo.

Elina dudo, pero a su vez quizo probar relacionarse. Invitó a Sol, su amiga de la infancia. A la muchacha también le sonó sospechosa tanta amabilidad e interés repentino, pero al ver a Elina tan entusiasmada procuró no tirar por la borda su ilusión. Sol no podría asistir a la reunión, pero prometió a su amiga estar con ella y ayudarla con la torta y con lo que fuera necesario.

Llegó el día del cumpleaños, aquel jueves 12 de noviembre comenzó con gran emoción para Elina. En la oficina todos esperaban expectantes la noche, donde con un grado de maldad importante habían organizado dejar plantada a la muchacha cuyo único error había sido creer, vestida y con la torta en las manos.

Al llegar todos la saludaron y por primera vez se le conoció la sonrisa a la muchacha gris. Le dieron un planito con los datos de donde la pasarían a buscar para festejar su cumpleaños, dado que en su casa no era posible porque su madre no estaba de acuerdo.

El día pasó rápidamente y Elina corrió a su casa para comenzar con la preparación de la torta. Había comprado todo, no faltaba nada, ni la crema, ni las frutillas ni el oporto que humedecería el bizcochuelo. Buscó en su placard y no podía decidirse por algún vestido, por suerte allí estaba Sol que la ayudo a elegir.

Así fue como con todo listo, torta envuelta y vestida con su mejor prenda la muchacha se despidió de su amiga y como pudo… de su madre. Partió hacia la esquina de Moldes y Piñeda, el encuentro estaba pactado para las 21hs.

Allí estaba ella con su vestido nuevo, su torta de crema y frutillas. Un millón de ansias y expectativas. El tiempo en su reloj pasaba presuroso y nadie llegaba a su encuentro. Cuando estaba a punto de irse estacionó un auto y desde adentro escuchó risas y voces que le eran demasiado conocidas. Elina intentó acercarse y el auto partió acelerando. Dejando atrás a la chica que miraba con desconcierto y angustia como se alejaban las personas que sin motivo alguno habían querido que sintiera el vacio y el desprecio gratuito de un grupo de jóvenes salvajemente idiotas.

Elina llego a su casa y estaba tan aturdida que no podía llorar… con los ojos desencajados y las manos temblorosas apoyó la torta en la mesada de la cocina. Su madre escuchó ruidos, se levantó y al ver a su hija en la cocina confirmó lo que ya suponía: había sido todo una broma. ¡¿Por qué nadie podía quererla?! Pensó y la dejó sola.

La muchacha estaba como perdida, hipnotizada por la tragedia. Se dirigió al pequeño vivero que su madre tenía en el fondo de su casa, de allí retito un frasco al que miró varias veces. La etiqueta decía “Hortal”, veneno para hormigas al que decidió sumarle algo de veneno para ratas que su madre guardaba en el aparador de los artículos de limpieza. Con mucho cuidado cargo en una jeringa ambos productos e inyectó una y otra vez la torta asegurándose que no solo el oporto la mantuvieran húmeda.

La mañana del viernes 13 todo parecía estar bien en la oficina, Elina se aseguró de llegar temprano, de ser la primera y preparar el café y cortar la torta que convidaría a todos aquellos que la noche anterior habían decido burlarse de ella.

Así fue como al llegar todos y con miradas complice pidieron disculpas e inventaron excusas imposibles de creer para la inasistencia de la cita de la noche anterior. Motivados por la culpa todos decidieron probar la torta y aunque tenía sabor extraño, nadie comentó nada... comieron cada miga de esa fatal torta, mientras la muchacha esperaba en su escritorio ver como se retorcerían los cuerpos en minutos mas.

Elina puso música y nadie pudo escuchar los quejidos de los tres compañeros que vomitaban y pedían por favor, pero la muchacha que parecía disfrutar de la situación, solo se paró, abrió la puerta de la oficina y pasando por uno de los cuerpos ya desvanecido se despidió y la cerró.

Nunca mas se supo de la “envenenadora de la oficina”, así la llamaron los títulos de los diarios que daban la noticia al día siguiente de la muerte trágica de 3 jovenes en un estudio contable.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Realmente somos muchos los que nos sentimos identificados con este tipo de historias. Creo que todos hemos sentido ser sapos de otro pozo en este camino de la vida.
Una historia profunda con un desenlace poco esperado.

Anónimo dijo...

me gusto!

Bee dijo...

es la fantasia de todo el que alguna vez se sintio excluido y creo que en esa categoria esta todo el mundo
Te felicito Amparo! me encantó
besos

Belana

http://bitcoradeunadesocupadavip.blogspot.com.ar/

Ismael Serrano

Amo tanto,tanto la vida… que de ti me enamore, y de tanto amarte puede que no te ame bien

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